viernes, 8 de junio de 2012

El escaparate


Hoy he tenido un sueño… Muy temprano ante el amanecer, sin dilación cogí los pocos ahorros que tenía y a toda prisa, me dirigí corriendo sin descanso hacia la calle engalanada por costumbre, con ese corredor de blancas gardenias , ralentizando el paso para saborear tan grato trecho y dilatando las pupilas ante tanto esplendor y pureza, por fin alcance a divisar entre los hermosos rosales que, trepando por la vieja pared enmarcaban ese humilde escaparate de tallada madera de ébano, que con largas y sinuosas varillas formaban un sencillo tulipán reposando en el alfeizar, cerrando así en perfecta armonía un despliegue de belleza para los sentidos…  esa casa, que cuando pasabas siempre comentabas… el arquitecto que diseñó tal obra debía albergar mucho amor en su interior…
Sentado en el antiguo y solitario banco frente a él, saqué un cigarro, mi música y sujetando el menesteroso sobre donde quedaron tantos sueños, contemplé como el día comenzaba a despuntar bañando de color en su incesante avance, hasta que decidió alumbrar ese rincón donde tantas y tantas veces, pegabas tus manos al cristal en atisbo de indomable inocencia y escudriñabas cada repisa, cada objeto, cada detalle como la niña que en perpleja posición escucha un cuento, pero siempre fijando el último vistazo en aquel estante…
Me levanté contento y con paso airoso, entré pidiendo que me entregaran ese objeto que tanto mirabas… Aquella sencilla bola de cristal, la cual albergaba en su interior un sauce que daba cobijo a una pareja  que sencilla y profundamente se miraban, sentados junto a él.
 Al tenerlo en mis manos comprendí todas las cosas…

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