En el sigilo de la noche sucumbo ante las tinieblas del silencio, en ese efímero tiempo en el que un tren tomó la vía por la que viajaba y, en él quedé enganchado hasta que un ineludible cruce decidió hacerle tomar otro destino. Fue un delicioso trayecto de esos que simplemente acomodas la cabeza en el cristal para contemplar con estanca mudez y poder saborear cada vaivén del vagón, cada paisaje adornado por el sonido de sus palabras, cada gesto, cada expresión del viaje tan cercano y a la vez distante ante ti… Ese paseo en el que a veces por la oscuridad de los túneles pierdes parte del panorama y requieres al más cercano para libar de lo que se ha despistado.
El breve espacio en que la ensoñación germina en tu cabeza como patio de recreo, llenándolo de intensos colores, aromas, sonidos, ausentes caricias… sabrosos instantes de vehemente existencia. Dicen que el desamparo siempre viene acompañado de recuerdos, esos que un día le hicieron a uno reír, temblar, vibrar, gritar, llorar… , momentos que colmaron el sendero simplemente de eso, de vida… No llego a vislumbrar si ese cruce, retomará de nuevo la misma dirección en el camino, lo que si es certero, que en el silencio de las palabras acomodaré de nuevo mi cabeza para contemplar tan maravilloso paisaje otra vez.
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