domingo, 11 de diciembre de 2011

Duerme mi niña

Ahora que esos ojos embebidos de menta y canela ocultan toda su luz, se llevan consigo  las campañillas que yacen en el pasillo sin tintineo alguno, atenuando las luces agonizantes en un ámbar almidonado y mohíno.
Ahora que descansas,  mis retinas serpentean por ese cabello cárabe y oro, para posarse sobre tus párpados que en su ajetreo acunan los pensamientos del día.
Ahora  que  tu corazón cabalga con tino precipitando el mío a la adoración, libo de este fragmento para el archivo de la razón
 Ahora que duermes mi niña, miro al cielo y comprendo, que con tu sueño se apague el sol.

                                                                                                                               F. Esplá

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