Ahora que esos ojos embebidos de menta y canela ocultan toda su luz, se llevan consigo las campañillas que yacen en el pasillo sin tintineo alguno, atenuando las luces agonizantes en un ámbar almidonado y mohíno.
Ahora que descansas, mis retinas serpentean por ese cabello cárabe y oro, para posarse sobre tus párpados que en su ajetreo acunan los pensamientos del día.
Ahora que tu corazón cabalga con tino precipitando el mío a la adoración, libo de este fragmento para el archivo de la razón
Ahora que duermes mi niña, miro al cielo y comprendo, que con tu sueño se apague el sol.
F. Esplá
F. Esplá
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